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| Publicado el 8/28/2009 7:22:00 AM |
Hernán tiene 27 años. Está casado, tiene dos hijos y otro en camino. Vive con ellos y su esposa en una piecita del fondo, en la casa de sus suegros. Llega a la cooperativa Luci-Vid a las 9 de la mañana, y a veces se va a las 9 de la noche. Trabaja en la administración: consigue clientes que quieran limpiar sus vidrieras, lleva las cuentas, pide presupuestos, hace las compras.
María José se sumó hace una semana. Tiene 27 años. Habita una casa prestada, con su esposo desocupado y tres hijos. Una de las niñas es discapacitada. María José pelea desde marzo, sin suerte, para que le reconozcan el transporte gratis que le corresponde.
Valeria tiene 37, vive sola con sus tres hijos.
“Lala”, de 25, comparte una casa con amigos y hace percusión y voces en un grupo de cuarteto.
Todos ellos tienen mucho en común, además de los problemas: empezaron vendiendo La Luciérnaga y ahora le ponen el pecho a un emprendimiento modelo en Córdoba, nacido de la fundación que agrupa a estos particulares canillitas que la pelean para salir de la calle y la pobreza.
La noticia es que acaban de conseguir una oportunidad única: un subsidio que les permite comprar las herramientas necesarias para ampliar sus áreas laborales, competir con otras empresas de servicios y mejorar la situación de las 10 familias que viven de la cooperativa, con la posibilidad de sumar gente si creciera la demanda.
El subsidio de $ 14 mil fue otorgado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, gracias a la gestión de la fundación Incubadora de Empresas, que integran la Municipalidad de Córdoba, la Universidad Nacional y la Universidad Tecnológica.
Estos fondos posibilitaron que los ex canillitas compren una motoguadaña, una computadora, dos máquinas para pintar, uniformes y carritos de limpieza, entre otros implementos.
Ayer firmaron un documento a través del cual los jóvenes se comprometen a participar de las capacitaciones, a donar una parte del subsidio a una fundación (lo harán con trabajo), y a recibir las inspecciones de la Nación de la Incubadora de Empresas, que realizará un seguimiento para monitorear pero en especial para apoyar el proyecto y ayudar a la cooperativa en los puntos que necesite.
“Con este subsidio logramos tener estabilidad patrimonial. Antes había que alquilar las máquinas. Ahora podemos ofrecer, además de los servicios de limpieza, también los de jardinería, albañilería y herrería”, se entusiasma Juan Pablo González, presidente de la cooperativa.
Cuenta que ya son 180 los comercios en donde limpian, y espera que haya muchos más. Dice que a medida que crezca la demanda podrán sustentarse mejor los actuales miembros, en primer lugar, y ayudar a más a gente que quiera trabajar, en un futuro cercano.
La gente de La Luciérnaga ya no necesita presentación: todos los conocen y, por lo tanto, todos pueden pedir sus servicios o ayudarlos. Ahora buscan un vehículo para mejorar el servicio.
Contrataciones. Sucre 26 (de 9 a 18). Teléfono: (351) 155-295801.
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